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cruz del sur

verde germinación

Volví caminando porque necesitaba oxigenar la sangre, aplastar el gris de las baldosas con rabia y fuerza de desgaste inútil.

Minutos antes, ella se había colado en mi escondite, sólo para hacer su confesión: “Me quiero ir. No aguanto más a l@s maestr@s. No sé qué hago acá adentro!”
Yo, olvidada la corrección de los exámenes, me saqué los lentes y reí. Risa de cansancio y locura repetidas… Le acerqué una silla y me miró.
Se hizo un silencio. Los chicos exprimían jugosos “cadáveres exquisitos”, ajenos al mundo de nosotras dos.

“Bueno…”, susurré aquietándola, “Gracias por no dejarme sola en esto… Bienvenida al club”
“¿Qué vamos a hacer?”
“Me parece, que nos quedan tres opciones…”, pensé en voz alta. “Uno: comprar un lindo par de escafandras y vivir en realidades paralelas… Dos: sacar los disfraces del armario y elegir el que más combine con la situación…. Y Tres: desnudarnos hasta el alma y sentarnos ahí con ellos, a crecer…”

Las varitas mágicas tienen forma de manos de chicos con sabor a chocolate y caricias que no se ven. Una varita trajo un poema y otro y otros más también. Los leímos jugando y muchas chispas de alegría nos salpicaron enteras, otra vez…

Volví caminando a casa, porque necesitaba aligerar el peso de la conciencia adormilada que me obliga en ocasiones a no ver.
Le mentí para mentirme a mí misma y creer que la esperanza es un brote germinando fértil… verde y desde el pie…

rojA

Colección de exquisitos cadáveres infantiles
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