cima y alud

Hundo los pies en el suelo, donde la picada se ensancha generosa hacia una trampa: cualquier lodazal.
Conozco el sendero, siempre el más difícil, la soledad pedregosa en espinillos y la sangre, pegada hasta los huesos.
Pero entonces hubo quien me lavara el cansancio, el frío, la noche, la herida. Entonces, tenía más que mis manos y dos pies Tenía el viento en el pecho y la ilusión en la cima Tenía el sueño desnudo de creer por querer.
Por eso, me resisto
a esperar mi terraplén
rojA
3 comentarios
rojA -
a los dos
zoroastros -
Juanjo -